Día 2: Roma

Roma

Nos depertamos en torno a las 7:30 para intentar hacer la menos cola posible en El Vaticano, nada más ducharnos y cambiarnos, fuimos al piso superior que es donde estaba la cocina y donde ofrecen el desayuno. Había prácticamente todo lo que se le puede pedir a un desayuno, el precio tampoco era elevado y la verdad que merecía la pena ya solo por el café.
Después de desayunar, preguntamos al recepcionista cuál sería la mejor forma de llegar al La Ciudad del Vaticano, nos recomendó utilizar el metro, cogiéndolo en la parada Barberini, ya que el de la Repubblica se encontraba cerrado debido a las inundaciones que había sufrido la ciudad y bajarnos en la parada Ottaviano.
A pesar de que Roma tiene uno de los sistemas de metro más pequeños de Europa os dejamos un mapa para que sepáis dónde nos tenemos que bajar para cada una de las atracciones cercanas:

Descendimos la calle hasta llegar a la Piazza Barberini, donde vimos la Fuente del Tritón, también diseñada por Bernini, justo al lado del Palacio Barberini que a día de hoy alberga una Galería de Arte Antigua. En ella podemos ver al Dios Tritón, levantado por cuatro delfines:

Entramos en la boca de metro que se sitúa en un lateral de la plaza. Una vez allí compramos un ticket con el cual permite viajar durante 100 minutos.

TICKET METRO
Precio: 1,5 €.
Validez: Durante 100 minutos.

Ciudad del Vaticano

Conforme nos acercábamos a la parada Ottaviano, ya podíamos predecir que iba a ser imposible, tal y como nos comentó el recepcionista del hotel, visitar el último domingo del mes, Los Museos Vaticanos de forma gratuita. El metro estaba repleto de gente que bajaba en la misma parada que nosotros y al salir a la calle la odisea continuaba. Una marea de gente caminaba en dirección a La Ciudad del Vaticano. Según nos acercamos a la Plaza San Pedro pudimos ver que las colas de acceso a los museos doblaba la esquina y fácilmente llegaría hasta las 4-5 horas de cola, lo que suponía que muchos de los que esperaban entrar, se quedarían con las ganas de visitarlo.
Viendo la aglomeración de gente que había, decidimos ir a la Plaza San Pedro. Pasamos el control de seguridad y nos pusimos a hacer cola para entrar en la Basílica.

Después de pasar otro control de seguridad, cayó el diluvio universal, por lo que comenzamos a correr, casi en vano, porque la cantidad de agua que había caído en 20 segundos, nos había dejado ya empapados de arriba a abajo. Por fin, después de la calada, nos encontrábamos en el pórtico que da acceso a la Basílica.
Nada más entrar nos quedamos impresionados con todos los detalles que tiene, no parábamos de mirar hacia arriba para ver los frisos y las pinturas que hay en el techo:

Intentamos dar un rodeo al interior de la Basílica, pero debido a que pocos minutos más tarde, el Papa Francisco celebraría la misa semanal, no nos dejaron continuar la visita y nos invitaron a quedarnos en pie en uno de los laterales mientras se producía su entrada. La Basílica estaba abarrotada de gente, casi tanta espectación como si de un partido de fútbol se tratara, no había ningún hueco para ver la entrada de los obispos, cardenales y del Papa.

Una vez el Papa Francisco dio comienzo a la misa, fuimos hacia la entrada de la Basílica para poder ver el altar de frente, aunque entre la muchedumbre era bastante complicado, pudimos verle celebrar la misa aunque sea desde la distancia. La Guardia Suiza Pontífica custodiaba la celebración:

Tras la visita salimos de la Basílica viendo que el tiempo nos daba algo de tregua. Estaban preparando la plaza para algún tipo de acontecimiento. Por momentos te haces una idea de lo repleta que estará la plaza para ver al Papa en la celebración del Ángelus desde una de las ventanas de los apartamentos Papales.

Para nuestra sorpresa, el sol parecía querer salir y nos dejó unos pequeños rayos de luz que iluminaban la Basílica:

Aquí la estatua de San Pedro con las llaves del Reino de los Cielos:

Fuimos hasta el centro de la plaza para tener una panorámica de la Basílica San Pedro:

Casualidad que segundos después de sacar la foto, nuevamente una tromba de agua caería sobre nosotros, no tuvimos más remedio que ponernos a resguardo en una tienda de souvenirs y cuando paró un poco, entramos en una de las cafeterías cercanas a la plaza mientras hacíamos tiempo a que parase.
Nos salió algo cara la espera a que la lluvia remitiera, ya que por 3 cafés con leche y un expreso nos cobraron la friolera de 19€, supusimos que sería por estar aún en La Ciudad del Vaticano, porque el establecimiento era un buffet libre y nos pareció algo sorprendente el precio que nos cobraron para lo que fue.

Después de la parada fuimos a ver el Castillo San Angelo por fuera, aunque la visita a su interior la dejaríamos para mañana.

Las estatuas del Puente Sant'Angelo nos recuerdan al Puente Carlos de Praga. En esta ocasión son multitud de ángeles que sujetan los diferentes instrumentos de la Pasión:

Las vistas desde el puente hasta el Castillo son una de las postales de viaje típicas de Roma:

Nuestro siguiente punto del día iba a ser el barrio de Trastevere, para llegar allí desde el Castillo cogimos el autobús número 23 en la misma calle de la entrada. Tras 10 minutos de trayecto llegamos a la parada Lgt Sanzio/Filipperi, donde nos bajamos para meternos de lleno en el barrio de Trastevere.

Es uno de los barrios más agradables de Roma, donde encontramos locales muy bohemios, calles estrechas empedradas y restaurantes de comida tradicional a precios bastante más económicos que en cualquier otro lugar de la ciudad.
Nada más entrar de lleno en las calles, podemos apreciar la razón por la que es tan famoso el barrio, las calles y los edificios que lo rodean dejan una estampa típica italiana:

Continuamos hasta llegar a la Basílica Santa Maria en Trastevere, está situada en el centro neurálgico del barrio, en la plaza que tiene su mismo nombre. Nos sorprendieron los detalles dorados en la fachada y justo en frente de ella, pudimos ver una de las fuentes más antiguas de toda Roma:

El interior de la iglesia es sorprendente, con sus 20 columnas procedentes de las Termas de Caracalla. Nos llamó especial atención el detalle del altar y su techo:

Después de la visita y viendo que era la hora de comer, fuimos al restaurante Carlo Menta, es muy conocido por los turistas debido a su relación calidad precio. Es fácilmente reconocible, ya que fuera tiene un coche de época pegado a su terraza exterior:

Os dejamos la carta para que podáis ver sus precios:

Como menú del día tenían 4 primeros, segundos y postres, todo parecía hecho a medida, ya que como éramos cuatro personas, pedimos un menú cada uno y compartiríamos por aquello de probar un poco de todo. Comimos tremendamente bien, recomendamos mucho que lo probéis.
Después de la comida, continuamos la visita por Trastevere, simplemente callejeando y aprovechando cada una de las esquinas tan bonitas que nos deja el barrio:

Es un barrio por el que merece mucho la pena perderse a callejear, os animamos a que sea una parada obligatoria durante vuestra visita a Roma.
Salimos de Trastevere en dirección al Foro Boario, donde se puede ver el Templo de Portuno:

En la Antigua Roma, la plaza fue utilizada como mercado de ganado y además del Templo de Portuno también podemos ver el Templo de Hércules Olivario:

Frente al Foro, en Piazza della Bocca della Verita, se encuentra la Bocca de la Verita, en una de las paredes de la Iglesia de Santa María in Cosmedin. Había tanta gente esperando entrar que decidimos continuar nuestra ruta.
Nuestra siguiente parada fue el gran Circo Máximo, que está situado entre los montes Aventino y Palatino. Tenía un aforo para 300.000 espectadores, la pista tenía 600 metros de longitud y 225 de ancho. Era el circo romano más grande de la ciudad y del que a día de hoy solo quedan unas ruinas y una pequeña imagen de lo que aquello fue en su día:

Con esta panorámica nos podemos hacer a la idea de las dimensiones que tenía. Tuvo que ser impresionante vivir un espectáculo de cuádrigas en este lugar:

Después de visitar el Circo Máximo, subimos hasta el parque Giardino degli Aranci, desde donde se obtienen unas vistas panorámicas de Roma muy bonitas, además desde este punto se puede ver la cúpula de la Basílica San Pedro del Vaticano:

Muy cerca de la entrada al parque, al final de la calle, nos encontramos con una de las cosas que más me han llamado la atención de los viajes que hemos ido haciendo. El Buco della serratura di Roma, una cerradura en una puerta desde la cual si vemos a través de ella, se puede ver la cúpula de La Basílica San Pedro rodeada por unos arbustos formando una especie de marco que llama mucho la atención.

Las vistas son super curiosas:

Después de la visita, bajamos hasta la parte trasera del Circo Máximo, donde se pueden ver las ruinas que se mantienen en pie:

Justo en ese instante volvió a caernos encima un diluvio universal. Tuvimos que volver a ponernos los ponchos a toda velocidad, agarrarnos al paraguas y buscar un sitio a cubierto. Para cuando llegamos a ponernos a resguardo, ya había parado de llover, era impresionante con la facilidad que caía una tromba de agua y al cabo de poco tiempo paraba de llover y dejaba ver unos rayos de sol entre las nubes.

Nuestro siguiente punto era la Basílica de San Pietro in Vincoli, fue construida para albergar las cadenas con las que San Pedro fue encadenado en Jerusalén. Además es muy famosa por la escultura del Moisés de Miguel Ángel.
Nada más entrar nos da la sensación de oscuridad, donde solo están iluminadas las partes más interesantes de la Basílica. Cerca del altar encontramos las cadenas de San Pedro:

A su derecha nos encontramos al Moisés, que como curiosidad se mantiene iluminado gracias a las monedas que se introducen a su lado.

Para cuando salimos de la Basílica, ya era de noche, paseamos en torno a las ruinas del Foro Romano y el Mercado de Trajano:

Concluimos el día cenando pizzas al taglio muy cerca de la Fontana di Trevi:

Volvimos al hotel, después de un intenso día y muchos kilómetros caminados! Mañana nos esperaría un día largo, iríamos a ver Los Museos Vaticanos y debíamos madrugar para no esperar mucha cola.