Día 12: Rocamadour

Dijon

No tuvimos mucha prisa por madrugar, ya que sabíamos que el viaje sería bastante largo, debíamos continuar con la vuelta a casa y para dosificar los kilómetros, decidimos llegar hasta Rocamadour. Nos propusimos parar a comer en la ciudad de Clermont-Ferrand. Nos esperaban casi 3 horas y media de coche hasta llegar a la ciudad.

Clermont-Ferrand

Aparcamos muy cerca de la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los puntos más característicos de la ciudad, ya que sus dos torres se ven desde cualquier punto de la ciudad.

Aprovechamos que en los alrededores hay multitud de restaurantes para comer en uno de ellos. Tras la comida no pudimos resistir la tentación de comprar un helado antes de emprender de nuevo la marcha hasta Rocamadour.

Rocamadour

Tras casi otras 3 horas al volante llegamos al hotel que habíamos reservado a las afueras de Rocamadour, ya que dentro de la ciudadela los precios son algo más elevados. Optamos por reservar el Hotel du Cháteau, situado en el pequeño pueblo de Alvignac, a unos 15 Km de Rocamadour.
Tuvimos la mala suerte que durante el viaje nos enviaron un correo que pasé por alto, el cual decía que debido a una inundación nos tenían que asignar una habitación en un edificio próximo al hotel. La verdad que no tenía nada que ver con lo que habíamos reservado, hacía un calor considerable y nuestro único modo de darnos un poco de aire era un ventilador viejo de pie que a pesar de su esfuerzo, mucho no refrescaba. Lo bueno de la experiencia fue utilizar la piscina que tienen a disposición de los clientes, en la que nos dimos un chapuzón antes de emprender el viaje a Rocamadour.

Cogimos el coche y nos dirigimos a Rocamadour, un pequeño pueblo colgado e incrustado en la roca que desafía la gravedad. Conforme nos acercábamos vimos un pequeño mirador desde el cual se puede ver la pequeña localidad:

La carretera es bastante estrecha en algún punto, como en el túnel de piedra que hay que cruzar para llegar al parking habilitado para visitar Rocamadour:

Tras dejar el coche en el parking, comienza la subida hasta la entrada:

Desde cualquier punto de la villa se ve el santuario:

Cuenta la historia que un ermitaño de nombre Amadour pide ser enterrado en una roca. Años más tarde monjes Benedictinos descubren su cuerpo intacto en el interior del santuario. A partir de entonces este lugar es un destino de miles de peregrinos que visitan en lugar donde se obró este milagro.
Las calles están empedradas y tienen un encanto impresionante:

Uno de los puntos más característicos y más turísticos son las 200 escaleras que hay que subir para llegar al santuario. Muchos peregrinos las subían de rodillas. En la imagen se aprecia la pendiente que tienen las escaleras.

Antes de comenzar la subida, viendo que se nos haría tarde, continuamos caminando por la calle hasta llegar a los primeros restaurantes. Aprovechando que se acercaba la hora de cenar, escogimos el restaurante que se ve en la imagen.

Después de la cena, encaramos las famosas escaleras, que conforme vamos cogiendo altura, nos hacemos la idea de todavía lo que nos queda por subir:

Durante la subida vamos viendo carteles que indican personas famosas que también han subido las escaleras. Tras el esfuerzo comenzamos a ver los primeros torreones defensivos:

Llegamos a la pequeña plaza donde vemos los primeros santuarios:

Continuamos el camino hasta llegar al balcon desde el que se ve el Torreón de la Puerta Santa:

Volvemos tras nuestros pasos para llegar al impresionante Chemin de la Croix, el Vía Crucis. Esta subida de 14 estaciones es utilizada por los peregrinos hasta alcanzar el castillo. El camino tiene forma serpenteante y en cada esquina encontraremos una serie de esculturas que representan el Vía Crucis de Jesús. Hicimos el camino completo y llegamos al castillo. Nos quedamos con ganas de ver las vistas desde este punto ya que al ser tan de noche y al haber muy poquita luz, no pudimos apreciar lo bonito del paisaje, así que decidimos volver en coche hasta el castillo la mañana siguiente.
Comenzamos el descenso hasta el parking y cuando llegamos abajo, estaba todo tan oscuro que nos costó bastante localizar dónde habíamos dejado el coche. Después del susto, nos montamos y comenzamos la marcha al hotel, pasando algo más de miedo al atravesar el túnel de piedra debido a la reducida visibilidad que había.
Aprovechamos para deternernos en el mirador anterior y poder obtener una foto de Rocamadour de noche. A pesar de no tener mucha iluminación, se puede apreciar la bellaza del entorno:

Tras la pequeña parada, volvimos al coche y llegamos al hotel a descansar, al día siguiente llegaríamos hasta Toulouse, nuestra última parada antes de volver a casa.