Día 3: Hamnoy

Lødingen

Después de haber descansado de una noche llena de emociones, desayunamos una pequeña taza de té con unas galletas que llevabamos en la maleta facturada. Nos apresuramos para salir tan pronto como nos fuera posible, ya que hoy también gozaríamos de un sol radiante!
Después de hacer las maletas y bajarlas al coche, nos acercamos a la parte de la finca donde tienen una manada de unos 15 renos:

Tras la visita a nuestros compañeros de alojamiento, emprendimos la marcha hacia nuestra primera parada Svolvær. No tardamos mucho en desviarnos de la ruta, es muy difícil resistir la tentación de detenerse a contemplar el paisaje, detuvimos el coche en donde la nieve nos permitía hacerlo y fuimos directos a las Rorbu, que son las típicas cabañas de pesca que encontraremos en toda esta región. La combinación de los lagos congelados con el rojo de las cabañas y el blanco de la nieve forman un paisaje espectacular!

Continuamos nuestro camino hasta que llegamos a uno de los puentes que conectan cada isla entre sí, paramos en un arcén y nos asomamos para poder ver como nace un gran fiordo justo por debajo de donde estábamos pasando.

A pocos kilómetros de Svolvær, devidimos volver a hacer otra parada, esta vez en un gran fiordo cuya orilla estaba congelada y el propio movimiento del agua había hecho que se agrietara el lago. Es algo impresionante:

Acompañando al lago helado vimos una cabaña amarilla, la cual no pudimos resistirnos a fotografiar:

Volvimos al coche y fue el momento en el que nos miramos y dijimos, como sigamos así, parándonos cada dos por tres, no llegamos nunca! Así que esta vez sí, continuaríamos el viaje directos a Svolvær.

Svolvær

Nada más llegar vimos que el pueblo es de los que más oferta hotelera tiene, aquí podéis ver una de las muchas cabañas en las que os podéis alojar:

Es uno de los pueblos que más vida tiene, en él encontraréis las típicas cadenas de supermercados de Noruega como son Kiwi o Rema 1000, nosotros haciendo una comparativa de precios, recomendamos los Kiwi, ya que como os habrán comentado, los precios en Noruega son bastante más elevados frente a lo que habitualmente estamos acostumbrados, por lo que siempre viene bien ahorrarse algo de dinero. Tras comprar los próximos desayunos y un poco de pan para los bocadillos que nos esperaban, continuamos hacia uno de los puntos desde el que se puede ver toda la ciudad.

Después de la parada en el supermercado, fuimos hasta un extremo del pueblo donde pudimos ver los primeros "hjell", que son una serie de rejillas de madera donde los pescadores dejan secar el bacalao, es una de las imágenes más típicas de esta región de Noruega.

Muchos os haréis una idea del fuerte olor que desprende el bacalao en una pescadería, pues imaginad ahora estar en una zona donde hay cientos de bacalaos colgados secandose:

Desde este punto tenemos una panorámica del pueblo:

Volvimos tras nuestros pasos y nos asomamos al puerto, son unas vistas espectaculares:

Nos montamos de nuevo en el coche y pusimos rumbo a la Iglesia de Vågan, que se encuentra en la localidad de Kabelvåg, se conoce como la "Iglesia de Lofoten". Está construida en madera y puede llegar a albergar a 1.200 personas en su interior, lo que la convierte en la iglesia de madera más grande de todo el norte de Noruega.
No pudimos visitarla por dentro, ya que a la hora a la que llegamos estaba aún cerrada, tuvimos que conformarnos con verla desde fuera.

En este momento del viaje, viendo la previsión del tiempo que nos esperaba para el resto de días, tuvimos que cambiar la ruta planeada para el día de hoy. Después de encajar las piezas del puzzle para ver Hamnøy con buen tiempo y ordenar todos los lugares que queríamos visitar, continuamos con Henningsvær.

Henningsvær

Es una pequeña localidad de menos de 500 habitantes, donde tiene una curiosidad que a los amantes del fútbol como a mí y es que tiene un pequeño estadio en plena isla. No pudimos resistirnos a visitarlo.
Esta es la imagen que habíamos visto del campo:

Llegamos en coche casi hasta el final del pueblo, justo delante teníamos una gran campa de nieve y no podíamos avanzar más. No sabíamos muy bien por dónde teníamos que ir para llegar al campo de fútbol, cuando de repente, justo al lado de donde habíamos aparcado, había una señal que indicaba que estábamos en él. Sí! el campo estaba cubierto por varios centímetros de nieve, así que tuvimos que quedarnos con las ganas:

Aunque en algún punto del campo, se veía algo de césped!

Cerca del aparcamiento hay otro montón de hjells donde secan los bacalaos:

Un poco desilusionados, volvimos al coche y nos detuvimos en el puerto, donde las vistas son alucinantes:

Continuamos la ruta no sin deternos en numerosas ocasiones y es que... ¿Quién es capaz de no detenerse a contemplar estos paisajes?

Hasta ahora no hemos hablado mucho del estado de las carreteras y la verdad que era uno de nuestros principales miedos, pero la E10 que es la única que recorre todas las islas de norte a sur, además de ser una de las más bonitas y espectaculares, se mantiene en perfectas condiciones. Por otro lado, las ruedas de los vehículos son un verdadero lujo, en condiciones de nieve, hielo e incluso agua no hay prácticamente ningún problema al conducir. Si bien es cierto que la velocidad máxima es de 90 Km/h, lógicamente inferiores a las que estamos habituados, pero en ocasiones las carreteras son estrechas y establecer una velocidad límite más alta es un poco arriesgado.
Las islas se conectan por unos puentes impresionantemente altos y largos:

Después de detenernos en varias ocasiones, continuamos hasta llegar a Ramberg.

Ramberg

Es un pequeño pueblo de aproximadamente 350 habitantes situado en la isla de Flakstadøya. Es tan pequeño que tan solo tiene un supermercado, un restaurante, una gasolinera e incluso una pequeña iglesia. Según llegamos al pueblo nos topamos con la pequeña iglesia de madera roja que junto con el contraste de la nieve hace un paisaje espectacular!

Llegamos a la playa, aunque a pesar de que hiciera sol, no sobrepasamos los 0ºC incluso hubo un tramo del camino que llegamos a los -15ºC, no apetecía mucho meterse al agua, pero cualquiera se niega a detenerse a contemplar la belleza de una playa nevada con un agua de color azul intenso:

Allí encontramos una pequeña cabaña de madera roja, la cual a día de hoy está vacía, pero no pudimos resistirnos a jugar con sus colores y nos detuvimos a sacarle unas fotos:

Volvimos al coche y continuamos la ruta hasta llegar a Hamnøy.

Hamnøy

Uno de los pueblos más pintorescos de todo Lofoten, aunque también uno de los más pequeños. Es el pueblo de pescadores más antiguo de Lofoten, donde la mayor parte de las viviendas que encontraremos serán hoteles. Desde las típicas Rouber que se encuentran a orillas del mar hasta las que están en la zona del puerto y son algo más economicas. Además como estamos en pleno círculo polar ártico, la probabilidad de ver Auroras Boreales, siempre y cuando las condiciones lo permitan, son muy buenas, ya que la estampa típica de Hamnøy está orientada al norte. Además está muy bien situada en el mapa ya que está a medio camino de distancia entre los diferentes puntos de interés, fue el principal motivo por el que escogimos pasar dos noches aquí. Aunque hoy dormiríamos algo más al norte, ya que como hemos comentado anteriormente, no teníamos previsto visitar Hamnøy hoy si no fuera por la previsión meteorológica.
Llegamos al pequeño pueblo y aparcamos el coche sin ningún tipo de complicaciones muy cerca de lo que mañana sería nuestro hotel. Acto seguido, sin perder un segundo, fuimos al puente desde donde se obtiene la famosa panorámica, no parábamos de decir, qué pasada!

Nos alejamos un poquito para obtener las vistas de todo el pueblo:

Las casas más famosas de Hamnøy son las Eliassen Rorbuer, que son las cabañas rojas que se ven en primer plano de la imagen, así pues, nos acercamos a ellas, para verlas de cerca, gozan de unas vistas alucinantes:

Están completamente equipadas, tienen cocina, baño privado y unos dormitorios amplios, con unas vistas privilegiadas desde donde se pueden ver las auroras sin tener que salir de la cabaña. La única pega que tiene es su precio, aunque si el tiempo y las condiciones acompañan, puede merecer la pena.
Después de la breve visita nos montamos en el coche y condujimos hasta llegar a Sakrisøy.

Sakrisøy

Se encuentra a menos de 2 Km de Hamnøy, simplemente siguiendo el puente desde donde está tomada la típica foto se llega a Sakrisøy, cuya curiosidad es que todas las cabañas en lugar de ser rojas, son amarillas. Hay un mirador justo antes de entrar al pueblo desde el que se puede obtener una panorámica de todas cabañas:

Aparcamos el coche en el restaurante que se encuentra justo al otro lado del mirador del que nos encontramos. Muy cerca de él, vimos una pequeña casa amarilla que forma una panorámica muy bonita:

Con la emoción de todo lo que nos rodeaba, aún no habíamos parado a comer! Hicimos unos bocadillos de jamón serrano que trajimos facturado en la maleta y nos los comimos en el coche, así entraríamos en calor, porque fuera, a pesar del sol, hacía bastante frio (aunque lo llevábamos muy bien).
Después de haber repuesto fuerzas y como íbamos muy bien de tiempo, entramos al restaurante a tomar un café. Pedimos dos capuccinos que para que os hagáis una idea del precio, nos cobraron 8,5€, eso sí estaba riquísimo! Dentro vendían todo tipo de souvenirs, incluso bacalao seco envasado al vacío y hasta lo usaban como decoración en sus lámparas:

Mientras tomábamos el café estuvimos mirando la posibilidad de ir hasta Å, que es el último pueblo al sur de las islas Lofoten, teniendo en cuenta que después deberíamos volver a subir hasta llegar a Ballstad, que se encontraba a 70 Km de distancia. Viendo que el tiempo era inmejorable, decidimos arriesgarnos e ir hasta allí, pasando por alto los pueblos que había de camino y dejándolos para mañana.
Al salir, el sol estaba empezando a esconderse entre las nubes y nos dejaba una de las estampas más bonitas que vimos de Sakrisøy.

Reine

A pesar de que intentábamos no parar, cualquier arcén nos servía de excusa para detenernos y quedar alucinados con el paisaje. Antes de llegar a Å, atravesamos Reine, que es considerado como el pueblo más bonito de Lofoten. Cuando íbamos conduciendo y aprovechando la puesta de sol, vimos un pequeño ensanche en la carretera donde dejar el coche, estábamos muy cerca de un pequeño puente de madera que atraviesa un riachuelo congelado con vistas a uno de los picos más bonitos de Reine:

Subimos hacia el coche y las vistas hacia Reine son alucinantes:

Ahora sí, continuamos hasta llegar a Å.

Å

Sí, habéis leído bien, el pueblo se llama Å, aunque se pronuncia como una "O", es el pueblo con el nombre más corto del mundo. A pesar de que su economía, al igual que el resto de pueblos de esta parte de Noruega la centran en el bacalao, a día de hoy es del turismo de donde más beneficios obtienen.
Aparcamos el coche muy cerca de la entrada al pueblo:

Es un pueblo que no alcanza los 80 habitantes, mientras caminábamos no nos topamos con ninguna persona, pudimos ver el pueblo sin tener que cruzarnos con nadie.
Cualquier rincón de Lofoten es digna de fotografiar:

Casi sin darnos cuenta llegamos al final del pueblo donde hay un pequeño embarcadero privado para cada una de las cabañas que están al lado:

A pesar del frío costaba no detenerse a tomar una última foto:

Después de la visita, nos montamos en el coche y comenzamos nuestro camino de vuelta hasta llegar de nuevo a Sakrisøy, donde no nos pudimos resistir a detenernos a sacar una fotografía a una de las casetas amarillas que tanto nos gustó:

Viendo lo rápido que varía el tiempo en las islas Lofoten y conociendo la previsión que nos esperaba para los próximos días, no quería arriesgarme a no tomar las fotografías suficientes por el miedo a que el día siguiente, por el clima, no pudiéramos salir del hotel. Así pues, detuvimos el coche también en Hamnøy y tomamos una última (por hoy) captura desde el puente:

Ballstad

Rápidamente volvimos al coche y esta vez sí que sin detenernos, llegamos a Ballstad, habíamos reservado una noche en el siguiente hotel. La escogimos por la cercanía a dos de las playas más conocidas por la presencia de Auroras de todas las islas Lofoten, Haukland y Uttakleiv.
Llegamos al hotel cerca de las 20:30, nuestra idea era cenar algo para poder acercarnos a las playas a probar suerte y ver si hoy también tendríamos la suerte de ver las luces del norte. Después de dejar las maletas y de echar un vistazo a las instalaciones, tenemos que decir que el alojamiento cumplía por completo nuestras espectativas, la cocina compartida estaba completamente equipada y había espacio suficiente para todos los huéspedes. No teníamos mucho tiempo que perder así que hicimos algo para cenar y rápidamente nos vestimos con varias capas de ropa, guantes y gorro y bajamos al coche para poner rumbo a la playa de Haukland.

Haukland Beach

Cuando nos montamos en el coche, la temperatura marcaba -2ºC y el cielo estaba totalmente descubierto, eran las condiciones perfectas aunque en la aplicación marcaba un escaso 20% de probabilidades y un índice de fuerza de 2KP. La intensidad de la Aurora no era demasiado alta, pero al menos el cielo estaba despejado para como al menos intentarlo.
Llegamos a Haukland y miramos al cielo, de momento no se veía prácticamente nada y como la playa de Uttakleiv se encuentra a escasos 2 Km, nos dirigimos rápidamente a ella. Una vez allí, no se podía ver prácticamente nada, nuestra intención era aprovechar la luz del día y buscar un buen lugar desde el cual poder captar la Aurora, pero de noche y con tanta nieve, decidimos volver a Haukland que desde el parking de la playa tendríamos una buena perspectiva para realizar una fotografía en condiciones.
Aparcamos el coche cuando instantes después vimos una luz verde salir del pico de la montaña, nos miramos emocionados y sin casi mirar los ajustes de la cámara disparé mientras cruzaba los dedos para que algo se viera en la previsualización. La toma la programé para 4 segundos de exposición, fueron los segundos más largos de mi vida, mientras miraba el cielo de reojo miraba la previsualización de la cámara y ahí estaba! Nuestra segunda Aurora en nuestro segundo día!

Por desgracia, esta Aurora no duró demasiado y tuvimos que quedarnos esperando para ver si volvía a salir alguna otra. Cuando al cabo de 10 minutos, los fotógrafos que se encontraban en la orilla de la playa comenzaron a gritar, volvimos a mirar y de nuevo, esta vez sí, el cielo se volvió a teñir de verde:

Bajamos rápidamente a la orilla, colocamos el trípode y disparamos sin parar:

Cuando ya no se veía ninguna luz verde en el cielo, volvimos al coche, todos los fotógrafos ya se habían marchado de la playa y nos quedábamos solos, así pues la mejor opción era volver al hotel, llamamos a casa para contarles a todos lo que acabábamos de ver. Era algo impresionante!
Mientras hablábamos por videollamada, nos encontramos con la Buksnes kirke, una iglesia de madera roja situada en Gravdal:

Continuamos el viaje hasta llegar al hotel, todavía sin creernos la suerte que estábamos teniendo por haber visto las Auroras en dos días consecutivos. Hicimos la copia de seguridad de las fotos en el ordenador y así con una sonrisa de oreja a oreja, pusimos fin al día de hoy.