Día 5: Estrasburgo

Colmar

Tras otra noche de tortura, debido al ruido constante de los vehículos que pasaban bajo la ventana y el calor sofocante de la habitación, nos preparamos, recogimos todo y fuimos al coche a cargar todo el equipaje. Una vez todo preparado, fuimos al Subway del día anterior para desayunar, ya que era bastante económico y el café estaba sorprendentemente bueno. Tras haber repuesto fuerzas, nos mmontamos en el coche y pusimos rumbo a nuestra primera parada, Bergheim, pero antes hicimos una parada en un supermercado a comprar hielos y así tener en buen estado la comida y bebidas que guardábamos dentro.
De camino a Bergheim, encontramos varios letreros que indicaban la ubicación de un cementerio de guerra alemán perteneciente a la II Guerra Mundial. En esta región es muy frecuente encontrarnos carteles que hacen referencia a grandes batallas bélicas tanto de la I como de la II Guerra Mundial, ya que estámos muy cerca de Verdún y de las fortificaciones de La Línea Maginot. El cementerio se encuentra en el monte Grasberg, donde se encuentran 5.308 soldados que perdieron la vida durante las batallas que se llevaron a cabo por la región del Haut-Rhin. Comenzamos a subir en coche por el camino y a cada metro que andábamos, más preocupados estábamos, el camino se iba haciendo cada vez más estrecho y con agujeros importantes, pero aún así continuamos hacia delante. Llegamos hasta la misma entrada del cementerio, desde donde las vistas que obtenemos de la ciudad son quizá lo más interesante de subir hasta este punto, al fondo podemos ver el Schloss Haut-Koenigsbourg:

Abrimos la puerta de acceso al cementerio y comenzamos a caminar entre las cruces. A pesar de haber estado en el cementerio de La Cambe, la sensación seguía siendo de asombro, pensando lo que se tuvo que vivir en la época. Como podéis ver, en las cruces marcaban el cargo o el puesto que ocupaban cada uno de ellos:

Bergheim

Después de la breve visita, bajamos a la ciudad y aparcamos el coche a la sombra, ya que a pesar de ser relativamente pronto, el calor comenzaba a apretar. El parking, como es habitual en la región, por 2€ nos permiten aparcar durante todo el día.
Nada más salir del parking, nos encontramos con una de las puertas que da entrada a la ciudad, La Porte Haute:

La calle principal es una de las más bonitas, con edificios con formas diferentes y llenos de flores:

Llegamos a la plaza Hotel de Ville que data del 1767:

Después de la visita, volvimos al coche y pusimos rumbo a nuestro siguiente destino, Selestat.

Selestat

Aparcamos el coche justo al lado de la oficina de turismo, en la que entramos a pedir un plano de la ciudad. Nos atendieron en español y nos facilitaron una guía en la que nos detallaba cuáles eran los puntos de interés de la ciudad. A lo largo de la ciudad, hay unas placas en el suelo con forma de la huella de un león, en honor al escudo de armas de la ciudad, que nos guiará por los principales puntos de interés. Os dejamos un plano para que os hagáis una idea de cómo es la ciudad:

Caminamos unos pocos metros y nos encontramos con la famosa Biblioteca Humanística. Fue fundada en 1452 y es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Es uno de los edificios más bonitos de la ciudad, sin ninguna duda:

Continuando por la avenida principal, llegamos al ayuntamiento, quizá al después de haber visto el resto de ayuntamientos, nos esperábamos algo más de este, ya que la decoración de la fachada estaba bastante deteriorada:

Siguiendo las huellas del león, llegamos a la Torre del Reloj:

Hay en ocasiones que las huellas parece que están un poco escondidas y hay que fijarse mucho en el suelo. Nos llevaron hasta callejones que merece la pena detenerse:

Continuamos la ruta de las huellas por la plaza que da acceso a la Torre del Agua:

Después de completar el circuito que proponen las huellas del león, volvimos al coche y pusimos rumbo al siguiente destino, Dambach la ville.

Dambach la ville

Llegamos a la pequeña villa donde aparcar tampoco fue un problema. Lo hicimos en el mismo pueblo, a pesar de estar muy cerca uno de otro, no era de los más turísticos, por lo que no encontramos demasiada gente.
Fuimos directos a la oficina de turismo, donde nos facilitaron un mapa de la ciudad. Después, entramos al pequeño pueblo por la puerta que da acceso a la villa amurallada:

Subiendo la calle principal, llegamos hasta la plaza central:

En dicha plaza se encuetra el Ayuntamiento:

Continuando la calle, hasta el final de ella, llegamos a la otra puerta que da acceso a la ciudad, donde en el tejado se puede apreciar el típico nido de cigüeñas tan típico de la región:

Según el mapa, vimos que si continuabamos el camino que marcan los viñedos, llegaríamos a lo alto de una colina, desde donde tendríamos unas vistas privilegiadas de la ciudad, así que nos animamos a coger el coche y fuimos hasta allí. La vista desde allí entre todos los viñedos es espectacular:

A duras penas dimos la vuelta al coche y pudimos bajar por donde habíamos subido, el camino era bastante estrecho, pero lo justo para poder dar la vuelta y continuamos nuestra ruta con el siguiente destino: Barr.

Barr

El sol nos estaba golpeando, con una ola de calor record en la región por lo que comentaban los habitantes de la región. Llegamos al cabo de pocos minutos a Barr. Aparcamos el coche nuevamente dentro del pueblo, ya que es gratuito en según que zonas. Casualidad que estacionamos el coche muy cerca de la oficina de turismo y aprovechamos para coger uno de los planos de la ciudad. Tuvimos la mala suerte de que durante nuestra visita, estaban preparando un inmenso escenario que tapaba gran parte de la plaza principal:

Viendo que todo estaba preparado para el festival nocturno, decidimos no perder excesivo tiempo y continuamos nuestra ruta. Al volver al coche y al mirar en el mapa a dónde nos dirijíamos, vimos que muy cerca del destino se encontraba el campo de concentración de Struthof, no dudamos la posibilidad de visitarlo.

Struthof

Es el único campo de concentración instalado en Francia y además el primero que los aliados descubrieron en Europa tras la conquista el 23 de noviembre de 1944. Los primeros prisioneros llegaron provinientes del campo de Sachsenhausen, destinados directamente a trabajar en la explotación de granito. Además cuando se instauró el Decreto Nacht und Nebel (Noche y Niebla), el cual dictaba que cualquier que fuera sospechosa de colaborar con la resistencia, la harían desaparecer sin dejar rastro, todas estas personas eran enviadas a Struthof.
En el campo, al igual que en Auschwitz entre otros, se practicaron muchos experimentos médicos. Contagiando a los prisioneros con tifus y gas mostaza, para ello, seleccionaba a los reos a los cuales los gaseaban con gas mostaza para posteriormente probar sus vacunas. Cuando fallecían, introducían los cadaveres en bidones de alcohol, con el fin de conservar el cadáver para llevarlo a la Universidad de Estrasburgo. El día de la liberación del campo, los aliados encontrados multitud de bidones con los cuerpos perfectamente conservados.
Por motivos del horario de apertura, no teníamos mucho tiempo para la visita, aparcamos el coche y nos dirigimos a la entrada del campo:

Cuando llegamos a la puerta de entrada, nos comentaron que había que pagar para visitarlo por dentro, a pesar de hacerlo sin guía. Sorprendidos, porque en el resto de campos jamás hemos tenido que pagar nada, a no ser que se concerte la visita con guía, fuimos a la taquilla y comentamos la posibilidad de verlo de forma libre y gratuita, ya que no quedaba demasiado tiempo para que se cerrase. Nos comentaron que la única posibilidad, tal y como habíamos comprendido al guardia de la puerta, era hacerlo pagando, evidentemente nos negamos y nos tuvimos que conformar con las vistas desde lo alto de la colina, en el que se ven las posiciones de las barracas y las reconstrucciones que a día de hoy se pueden visitar:

Tras la breve visita, continuamos con la ruta prevista, la siguiente parada antes de llegar a Estrasburgo era Obernai.

Obernai

Llegamos a Obernai y tras aparcar el coche, vimos que estaban con los preparativos para otro festival, con un montón de mesas fuera de las plazas para formar una estampa que se asemejaba a los "Biergartens" alemanes. Nada más llegar nos dirigimos a La Plaza del Mercado, donde nos esperaba un pequeño cordón policial donde registraban todas las mochilas y cacheaban a todos los que accedían a la plaza.

Nos acercamos hasta el Ayuntamiento y su torre, que antiguamente servía como atalaya de vigilancia de la ciudad:

Continuamos la visita con la iglesia Saint Pierre et Saint Paul, donde en su parte inferior podemos encontrar el Pozo de los seis cubos, el cual contiene inscripciones biblicas haciendo referencia al Nuevo Testamento.

Seguimos la ruta hasta llegar a la Plaza l'etoile:

Después de la breve visita, volvimos al coche y seguimos la señal que indicaba el camino a seguir para llegar a un mirador de toda la ciudad. No lo dudamos y subimos en coche hasta él. Las vistas desde aquí merecen mucho la pena:

Nos volvimos a montar en el coche y fuimos rumbo a Estrasburgo.

Estrasburgo

Llegamos a la capital de Alsacia y nos dirigimos directamente al parking de la estación, con lo cansados que estábamos no queríamos seguir conduciendo y tampoco queríamos complicarnos mucho la vida y allí fuimos. Aparcamos el coche y justo al salir del parking nos dimos cuenta que el estacionar el coche durante durante 24 horas nos constaría 26€. Como teníamos 15 minutos gratuitos, fuimos acto seguido al hotel, nos alojamos en el Ibis Budget el cual tiene precio pactado de 5€ la noche, siempre y cuando abandonemos el parking antes de las 9 de la mañana siguiente. Así que no lo dudamos ni un instante, dejamos el coche en el parking y subimos al hotel a descargar el equipaje. Acto seguido bajamos a la calle, no quedaban muchas horas de luz y queríamos ver lo máximo posible de la ciudad.
Según caminábamos con destino a la Catedral, llegamos a la Place Gutenberg, una pequeña plaza que conmemora la figura de Johannes Gutenberg, creador de la imprenta:

En la propia plaza hay instalado un tiovívo de madera que sirvió de entretenimiento durante un rato:

Continuamos hasta llegar a la inmensa Catedral de Estrasburgo, se considera una de las catedrales góticas más bonitas de Europa. Su construcción comenzó en el año 1015, aunque pocos años después, un incendio destruyó gran parte del edificio. A lo largo de los años se ha ido expandiendo y ha sido reformado continuamente hasta llegar a lo que es a día de hoy:

El sol se estaba escondiendo y aún no habíamos cenado. Caminamos hasta llegar a la "Petite France", que se considera una de las partes más bonitas de la ciudad. Aprovechamos para cenar en una de las terrazas de la plaza, con unas vistas preciosas:

Después de cenar, nos adentramos en la parte de la ciudad que se conoce como "La pequeña Francia".

Continuamos dando un pequeño paseo por los Ponts Couverts, que son un conjunto de tres puentes y cuatro torres que se construyeron con el fin de ser parte de la defensa de la ciudad. Como ya nos pasó en Bayeaux durante nuestro viaje por Normandía, había previsto un espectáculo de luces sobre el puente:

Tras presenciar el espectáculo de luces, volvimos poco a poco hasta el hotel a descansar, ya que al día siguiente aprovecharíamos para levantarnos pronto, mover el coche del parking e intentar hacerlo en la calle, ya que era domingo y la zona azul los domingos y festivos es gratuita.